BALANCE
Christina Wendenburg/Berlin
Eduardo Manrique sigue rigurosos principios: líneas rectas, formas geométricas reducidas, empleo económico de los colores primarios rojo, amarillo y azul. Sus collages más recientes reúnen elementos de arquitectura y sistemas de dibujo reales e imaginarios. Una innovación en sus trabajos es el amplio de plancha de fibra dura, sobre la cual el artista hace valer color, papel, fragmentos geométricos de folios monocromos, a veces brillantes. El fondo neutro produce el efecto de un a superficie arenosa, partida por ejes, coordenadas y rayos atados colocados a propósito igual que un paisaje partido por carreteras. Sus composiciones son topografía de una estructura visionaria urbana, en la cual crean espacios libres que se superponen entre ellos en una forma escalonada, pero nunca se limitan o cortan. Y debajo de la superficie de sus paisajes imaginarios existe un segundo nivel de información más diferencia: fragmentos de tipografía y sistemas de dibujos como parte de una nueva ordenación básica civilizada. Son decisivos para su obra, una obra que amplía el desarrollo histórico del collage por un orden nuevo dentro del plan virtual, que sigue el principio de la reticulación universal.
Así, Manrique organiza sistemas de imágenes constructivos que no sólo continúan los Estudios de El Lissitzky Proun o las composiciones de los "Brücken-Collagen" de Lázló Moholy-Nagy del año 1920, sino provocan una nueva versión por su estática funcional. Las cosas cotidianas de nuestra diferenciada sociedad de información se ven reducidas a sus principios formal-estéticos y mantienen su secreto en la cita fragmentaria.
El artista añade aspectos actuales a la descomposición analítica-sintética del objeto y a la construcción nueva. Ata en líos sistemas de información divergente en un difícil ritmo de balance espacial libre. Así estos sistemas le valen como montajes descifrados, analizados sólo estéticamente de una civilización organizada. Siempre manda a viajar en sus sistemas de navegación también un barco simbólico como talismán que viaja en una diagonal como si fuera tirado por fuerzas invisibles en un sistema planetario ficticio. No se trata de la conquista del espacio real sino de la conquista de espacios visionarios. Tal y como reduce y organiza esta conquista funcionalmente, así deja lleno de poesía los espacios libres e intermedios. De esta manera compite con los universales vías de datos de nuestra sociedad y los lleva a una imagen integral abstracta, produciendo así nuevos campos de energía.
El principio básico de Eduardo Manrique consiste en elementos flotantes que se organizan entre ellos sin orden alguno jerárquico. No construye territorios parcelados rigurosamente en sus collages, sino áreas abiertas, extendiéndose al espacio.